Por Miguel Ángel García Velasco
Hay encuentros que no se planifican: se heredan. Mi primer diálogo con la Reina Kpessi Kondodo tuvo lugar en el marco del Festival Djogbe Miton Nahyé – 9.ª edición, y estuvo guiado —como corresponde— por la palabra de los ancestros.
En un ambiente íntimo, profundamente familiar y de absoluto respeto humano, la Reina compartió la historia de su vida, que comienza a los 3 años de edad cuando Fa determinó su camino espiritual.

No es una metáfora: es una biografía ritual donde destino, responsabilidad y comunidad se entrelazan desde la infancia.
Aquí no hay “vocación tardía”, hay mandato.
Conversamos sobre nuestros proyectos presentes y futuros, entendidos no como iniciativas individuales, sino como continuidades ancestrales.
En Benín, el futuro no se improvisa: se consulta.
La jornada estuvo acompañada por los cantos y danzas de sus adeptos, verdaderas tecnologías de la memoria y culminó con la presentación del imponente Zangbeto Agbaoudede de Ayou Ahota, presencia que no se explica: se respeta.
El Zangbeto no “actúa”, vigila, ordena y recuerda que la comunidad es un cuerpo vivo.
Salgo de este encuentro con una certeza clara (y sin rodeos): la etnografía del futuro se escribe escuchando a quienes caminan con los ancestros desde la infancia. Todo lo demás es ruido académico.
Benín no es pasado. Benín es brújula.



