Por Miguel Ángel García Velasco
La historia cultural cubana está llena de paradojas; una de las más elocuentes es que Berta Armiñan Linares, octogenaria dama de la canción franco-haitiana y verdadera enciclopedia viviente de la memoria musical oriental, no hubiese contado hasta hoy con un fonograma propio que fijara su legado.

Mi encuentro personal con ella, hace casi tres años, en su habitación sobria dentro de un solar de la icónica calle Enramada, en Santiago de Cuba, fue tan revelador como conmovedor. Allí, en ese espacio mínimo y esencial, habitaba una figura mayor de nuestra cultura: fundadora del Folklórico de Oriente, referente insoslayable del histórico Cutumba, y pilar indispensable de la tradición franco-haitiana en Cuba. La ausencia de un registro discográfico resultaba, sencillamente, inconcebible.

Impulsado por esa certeza —y por una emoción que solo puede definirse como amor a primera vista— asumí el compromiso de producir un disco que recogiera una parte sustantiva de su historia musical. El resultado provisional es este fonograma titulado Lo mejor de Berta Armiñan, que reúne piezas emblemáticas de la cultura recreada y resignificada en el oriente cubano a partir de las oleadas haitianas llegadas a nuestras costas, y que hoy forman parte indisoluble del patrimonio sonoro de la nación.
Mensaje de Miguel Ángel García Velasco a la intérprete Berta Armiñán
Este disco no pretende clausurar una obra; es apenas un primer paso, un acto de justicia y de afecto. Nace de una relación profundamente humana y simbólica: Berta, mi Reina africana, me adoptó como uno de los suyos; yo, a su vez, me asumí como guardián de su voz y su memoria.
Mensaje de la intérprete Berta Armiñán
Enhorabuena, Bertica. Tu canto —por fin— queda sembrado para el tiempo.



