Cuando Cuba inauguró Lucerna. José Antonio Méndez Padrón y la Havana Lyceum Orchestra

Por Miguel Ángel García Velasco

La presencia de la Havana Lyceum Orchestra en la inauguración del Lucerne Festival 2026 constituyó mucho más que la participación de una agrupación latinoamericana en uno de los escenarios más prestigiosos de la música de concierto mundial. Representó la confirmación de un proyecto artístico que ha logrado construir una identidad propia dentro de la interpretación del repertorio clásico europeo, sin renunciar a la esencia cultural cubana.

En conversación con el maestro José Antonio Méndez Padrón , director de la orquesta, la entrevista se convierte en un recorrido por los principios estéticos que sostienen el proyecto: la pedagogía, la dirección coral como fundamento de la dirección orquestal, la influencia del cuerpo sobre la interpretación musical, la naturalidad con que la cultura cubana dialoga con Mozart, el liderazgo artístico y los desafíos de mantener una institución musical cubana en medio de la emigración de sus integrantes.

Una orquesta nacida desde la pedagogía

José Antonio Méndez recuerda que la Havana Lyceum Orchestra nació inicialmente como un proyecto de formación antes de consolidarse como orquesta profesional.

El objetivo era crear un espacio donde los jóvenes músicos aprendieran aquello que ninguna asignatura podía enseñar completamente: tocar en conjunto, desarrollar una articulación común, respirar colectivamente y construir un sonido homogéneo. Para ello eligieron deliberadamente el repertorio clásico vienés.

Mozart, Haydn, Schubert y Beethoven fueron concebidos como el equivalente orquestal de las escalas para un pianista: el laboratorio donde se aprende la disciplina sonora antes de abordar cualquier otro repertorio.

¿Puede existir un Mozart cubano? Para Méndez Padrón la respuesta es afirmativa.

No porque Cuba modifique a Mozart, sino porque toda interpretación está inevitablemente condicionada por la cultura del intérprete.

El idioma que hablamos, los ritmos que escuchamos desde niños, la forma en que caminamos, bailamos, respiramos y acentuamos el lenguaje terminan influyendo en el fraseo musical.

Por ello la interpretación cubana de Mozart no constituye una ruptura con la tradición europea, sino una lectura naturalmente filtrada por otra experiencia cultural.

La recepción internacional, afirma Méndez Padrón, ha comprendido precisamente esa diferencia: no se trata de una reinterpretación forzada, sino de un Mozart que conserva su esencia mientras adquiere una flexibilidad rítmica, un fraseo y una corporalidad propios de los músicos cubanos.

Mozart & Mambo: cuando la historia cambia de dirección

La llegada de la cornista Sarah Willis, integrante de la Filarmónica de Berlín, modificó definitivamente el rumbo internacional de la orquesta.

Inicialmente su interés era grabar los conciertos para corno de Mozart con una orquesta capaz de ofrecer una lectura distinta.

Sin embargo, durante los encuentros en La Habana surgió una pregunta provocadora: ¿Qué habría ocurrido si Mozart hubiera conocido el Caribe?

De esa especulación artística nació el proyecto Mozart y Mambo, convertido posteriormente en una trilogía discográfica de repercusión mundial.

Para Méndez Padrón, la clave no consistía en “popularizar” a Mozart sino en recordar que Mozart también improvisaba, transformaba melodías populares y era un músico profundamente conectado con la vida cotidiana.

La improvisación fue el verdadero punto de encuentro entre el clasicismo vienés y la tradición musical cubana.

El cuerpo también interpreta

Desde la perspectiva etnomusicológica surge una cuestión poco frecuente en el ámbito de la dirección orquestal: ¿Cómo influye el cuerpo del músico en la interpretación?

Para Méndez Padrón existe un principio fundamental: “Si no lo puedes bailar, no lo puedes tocar.”

Incluso para interpretar Mozart, Haydn o Brahms, sostiene que el cuerpo necesita participar activamente en la producción musical.

Por ello la Havana Lyceum Orchestra interpreta gran parte de su repertorio de pie, permitiendo que los músicos respiren, articulen y construyan el fraseo desde una libertad corporal que considera esencial para la expresión musical.

En esta concepción convergen la tradición danzaria cubana y la interpretación históricamente informada sin entrar en contradicción.

La dirección coral como escuela de dirección orquestal

Otra idea central en el diálogo con Méndez Padrón es la enorme influencia que tuvo la dirección coral sobre su manera de dirigir una orquesta.

Para el músico, la voz humana continúa siendo el modelo de todo sonido instrumental. Su objetivo consiste en que la orquesta respire como un coro.

No importa si se trata de violines, percusión o metales: todos deben construir un único discurso respiratorio.

Desde esta perspectiva, dirigir una orquesta significa lograr que sesenta músicos respiren, articulen como si fueran una sola voz colectiva. No resulta casual que numerosos grandes directores de orquesta comenzaran su carrera en la dirección coral.

Liderazgo: dirigir personas antes que músicos

Un director no dirige instrumentos. Dirige personas. Méndez Padrón insiste en que el liderazgo no puede reducirse a la autoridad profesional.

Los músicos deben confiar en quien dirige hasta el punto de compartir una visión artística común. Cada orquesta termina reflejando la personalidad de su director.

Del mismo modo que ocurre en el movimiento coral cubano, donde cada agrupación posee un sonido irrepetible asociado a quien la conduce, la identidad sonora nace de la relación humana entre director e intérpretes.

María Felicia Pérez y la escuela de la sensibilidad

Al referirse a sus maestros, José Antonio Méndez concede un lugar especial a María Felicia Pérez.

Más allá de los conocimientos técnicos, destaca haber aprendido de ella el arte de convencer a los músicos.

Para un director, afirma, el mayor desafío consiste en unificar sensibilidades individuales hasta convertirlas en una única voluntad musical.

Ese aprendizaje continúa acompañándolo incluso hoy, cuando reconoce que todavía consulta con ella cuestiones artísticas importantes.

La herencia familiar

La influencia de sus padres atraviesa toda su concepción artística. Su padre, José Antonio Méndez Valencia, desde la música coral y Liliam Padrón, su madre —Premio Nacional de Danza de Cuba— desde la construcción del lenguaje corporal.

Ambos le transmitieron disciplina, rigor, liderazgo y compromiso absoluto con el arte.

En esa convergencia entre música y danza encuentra el origen de su propia manera de dirigir.

El programa del Lucerne Festival 2026

La selección musical presentada en Lucerna resume la filosofía artística de la Havana Lyceum Orchestra.

El programa incluyó una suite sobre Carmen construida desde ritmos cubanos; un changüí sinfónico del compositor Ernesto Oliva; arreglos de El Manisero y El Bodeguero; la obra Sambasón de la joven compositora Jenny Peña y un Rondó de Mozart transformado en mambo.

Cada obra busca establecer un diálogo entre la tradición europea y las múltiples identidades musicales cubanas, reivindicando incluso géneros poco difundidos internacionalmente como el changüí.

A su juicio de Méndez Padrón, el verdadero patrimonio de Cuba no puede medirse únicamente por las instituciones o los recursos materiales. Existe una sensibilidad artística colectiva que continúa produciendo intérpretes excepcionales incluso en condiciones difíciles.

Le preocupa, sin embargo, la pérdida progresiva de maestros y la emigración de profesionales.

Considera que, con mejores condiciones, la cultura cubana podría recuperar el extraordinario momento de esplendor alcanzado durante las décadas finales del siglo XX.

Una orquesta dispersa por el mundo, pero unida por Cuba

Actualmente, la mayoría de los integrantes históricos de la Havana Lyceum Orchestra residen fuera de Cuba.

Sin embargo, lejos de interpretarlo como una ruptura, Méndez Padrón lo concibe como una red internacional de músicos cubanos.

Para él, la Havana Lyceum Orchestra continúa siendo una institución profundamente cubana, independientemente del país donde vivan sus integrantes.

José Antonio Méndez Padrón reivindica figuras como Lico Jiménez, extraordinario músico cubano formado en París y protagonista de una trayectoria internacional hoy escasamente conocida.

La recuperación de estas figuras forma parte de una tarea pendiente para la musicología cubana: reconstruir la historia de la música de concierto en Cuba más allá del enorme protagonismo alcanzado por la música popular.

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