Redacción AfroKuba
En el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana se vivió recientemente un momento de profunda emoción y justicia simbólica: la develación de la tarja en memoria de Armando Valdés “El Loquillo”.

Gracias a la iniciativa del rumbero chileno Cristian Mauricio, varias personas se reunieron frente a la tumba que guarda los restos de una de las figuras más singulares, carismáticas y queridas de la rumba cubana.

Nacido en pleno corazón de La Habana, el 30 de noviembre de 1943, en el solar ubicado en Peñalver 14, en la plazoleta del barrio habanero de Los Sitios, fue cartero de profesión, pero sentía una gran pasión por la rumba, por lo que, en esos predios, fue considerado el «mejor quinto» de Cuba, durante los toques de tambor en carnavales habaneros o en cuanto festival de la rumba en los barrios junto a grandes exponentes de ese género.
Armando Valdés fue asesor y creador del segmento «La rumba no es como ayer», del programa «La supermusical latina», en Radio Metropolitana, en el cual hacía alusión a las grandes personalidades de la rumba en Cuba y el mundo, y la impronta del género en la Isla, tanto ayer como hoy día.

“El Loquillo” fue compositor de varios géneros, desde boleros, hasta la canción, pero se destacó con mayor influencia en la rumba. Grabó como colaborador en múltiples grupos, entre ellos se destaca «Diosa Africana», dedicada a la patrona de Cuba, popularizada por Justo Pelladito y el grupo Afroamérica.
También era el principal protagonista de la Peña de la Rumba «El sitiero ausente», en la plazoleta del barrio de Los Sitios, ubicada en Condesa y Antón Recio. Asimismo, creó un grupo infantil denominado «Los Tormentos de Los Sitios», que aprendían los vericuetos de la rumba de cajón.
Su excelencia para interpretar la rumba de cajón lo convirtió en un referente. En sus años mozos participó en estudios de actuación, uno de ellos la obra Amante y Penol, estrenada en 1972 por la destacada actriz y dramaturga Herminia Sánchez, Premio Nacional de Teatro 2019, con el Grupo de Teatro de Participación Popular (nacido en los muelles del Puerto de La Habana).
“El Loquillo” fue, ante todo, un hombre de barrio: sencillo, auténtico y profundamente respetado por su entrega sin límites a la rumba habanera.
Hijos, nietos, amigos y hermanos se dieron cita para rendirle tributo póstumo a quien escribió el nombre de la Rumba con letras de cajón y oro. Porque hay hombres que no se van…se quedan vibrando en cada toque, en cada coro, en cada cuero.




